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Aunque no lo entienda el pensamiento conservador

Hace 51 años, tres notables químicos crearon la anticoncepción oral. Uno de ellos fue Russel E. Marker, estadounidense que descubrió las propiedades inhibidoras de la ovulación de una planta mexicana llamada barbasco, que es un tubérculo, una especie de camote, llamado ñame.

El otro químico fue el mexicano Luis Ernesto Miramontes Cárdenas, quien logró sintetizar, es decir, producir artificialmente, una sustancia llamada noretisterona, proveniente del barbasco, que es la base de la píldora anticonceptiva. Y el tercero fue Gregory Pincus, también estadounidense, que consiguió producir el primer anticonceptivo oral.

Nacida en 1960, la anticoncepción oral constituyó una revolución social semejante a la vacunación, la anestesia, los germicidas y los antibióticos. La píldora, como se le conoció hace cinco décadas, permitió a la humanidad escapar de modo eficaz del hasta entonces destino ineluctable de la concepción involuntaria. La obra de estos tres notables científicos puede ser considerada como una de las mayores creaciones de la cultura humana a lo largo de la historia.

Pero el conocimiento científico es imparable y acumulativo. Y casi cinco décadas después, hacia finales de los años noventa, aparece en escena la anticoncepción de emergencia, igualmente llamada píldora del día siguiente. Se trata de un nuevo salto hacia adelante en el dominio científico de la concepción.

Un método anticonceptivo postcoital y no precoital, como la célebre píldora de Marker, Miramontes y Pincus. Un método anticonceptivo recomendado por la Organización Mundial de la Salud y por las autoridades sanitarias mexicanas para ser usado en casos de violación o de falla en el uso de anticonceptivos orales o mecánicos, así como en los casos de relaciones sexuales imprevistas.

Luego de seis decenios de uso universal, ya nadie sensatamente se opone a la píldora precoital. Al contrario: hoy se le reconoce como uno de los mayores adelantos científicos de la historia. Pero no acontece lo mismo con la anticoncepción de emergencia. Luego de algo más de una década de utilización, aún se escuchan voces que reclaman la suspensión de su fabricación y uso.

Pero oponerse a la píldora del día siguiente es tan inútil como oponerse a la anticoncepción oral o de barrera, ya sea esta última mecánica, como el condón, o química, como los óvulos espermaticidas o el DIU (dispositivo intrauterino). La experiencia histórica nos dice que la anticoncepción de emergencia seguirá la ruta seguida por la anticoncepción creada en 1960 por aquellos tres célebres químicos. La anticoncepción de emergencia es ya patrimonio del género humano, como lo son las vacunas, la anestesia, los antibióticos, los germicidas y la anticoncepción de Marker, Miramontes y Pincus.

Podrán algunos gobiernos insensatos promulgar leyes que prohíban el uso de la nueva tecnología anticonceptiva de emergencia, como ahora ocurre en algunas entidades de la república mexicana y en algunos países, pero no conseguirán que las personas que la necesiten tengan acceso a ella.

Recordemos que el 25 de julio de 1978 nació, en Gran Bretaña, el primer bebé de probeta. Se trató de una niña que ahora tiene más de 30 años y que se llama Louise Brown. Y recordemos igualmente que pese a la oposición inicial del pensamiento conservador, han nacido desde entonces cuatro millones de niños fecundados in vitro. Y recordemos asimismo que el creador del método, el sabio inglés Robert Edwards, ha recibido recientemente el Premio Nobel de Medicina. De nada sirve oponerse al avance científico. Este es imparable e irreversible. Aunque todavía no lo entienda el pensamiento conservador.

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