DACA: la moneda está en el aire

MIGUEL ÁNGEL FERRER

La orden ejecutiva del presidente de Estados Unidos para cancelar el programa Acción Diferida para los Llegados en la Infancia o DACA (Deferred Action for Childhood Arrivals) ha generado la repulsa y condena de los más significativos y representativos sectores de la sociedad estadounidense. Se trata de un acto de gobierno que pone en riesgo de deportación a algo así como 800 mil jóvenes hijos de indocumentados que llegaron a EU siendo menores de edad, los ya celebérrimos dreamers, y que, por lo tanto, en ese momento no eran responsables de su propia migración indocumentada,.

A primera vista pareciera que Donald Trump se apunta una importante victoria en su agenda antiinmigrantes. Pero visto el asunto un poco más de cerca podría decirse que esa presunta victoria está en el aire. No sería la primera vez que una propuesta de Trump se quede a medio camino.

Hasta ahora sólo dos acciones del desorbitado magnate se han saldado con el triunfo, ambas en el plano internacional. La primera fue el abandono por cuenta de EU del Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica (TPP); y la segunda, el retiro estadounidense del Acuerdo de París sobre cambio climático.

Pero fuera de eso, todas las propuestas trumpianas han sido frenadas o desechadas. Por ejemplo, la ampliación del muro en la frontera con México. O su decisión de expulsar a diez millones de indocumentados, cifra manejada corrientemente, si bien el guarismo verdadero debe rondar los 20 millones de personas sin papeles y de muy diversas nacionalidades.

Lo mismo le pasó a Trump con sus desaforadas amenazas contra la República Popular Democrática de Corea (RPDC), más conocida como Corea del Norte. Aunque mantiene el tono agresivo, sus palabras no concuerdan con sus acciones.

Y una cosa semejante puede decirse en relación con su propósito de frenar el proceso de deshielo con Cuba. El tono agresivo y las amenazas se mantienen pero el deshielo continúa.

También ha sido frenada su, esa sí, encomiable pretensión de retirar al ejército de EU de Afganistán. El propio Trump ha determinado aumentar el número de soldados en aquel país asiático.

También Trump se había propuesto presionar a China buscando acuerdos comerciales más favorables para EU. Pero el excéntrico magnate inmobiliario no ha pasado de las palabras a los hechos. Ya se sabe que no hay borracho que coma lumbre.

Ninguno de estos frenarse o echarse para atrás ha sido fruto de la libre voluntad de Trump. En los casos mencionados y en muchos otros ha sido obligado a ello por sus oponentes. Y hasta ahora, contra la gigantesca e influyente marea opositora a la extinción del DACA, Trump y sus compinches sólo han argumentado que se trata de una asunto de seguridad fronteriza. Pero todo el mundo tiene claro que se trata finalmente de una maniobra política para congraciarse con su un tanto decepcionada base electoral, igualmente racista y xenófoba.

En cuanto al DACA, ahora mismo ya son visibles las señales de reconsideración por cuenta de Trump en un intento por apaciguar las protestas, las condenas y las movilizaciones opositoras. El asunto, como dicen los dreamers y sus acompañantes, apenas empieza. Por eso puede afirmarse que la moneda está en el aire, y que el futuro de esos 800 mil muchachos dependerá de la fuerza de la oposición a la racista y xenófoba medida.

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Viernes 8 de septiembre de 2017

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