Mike Pompeo y Luis Videgaray

MIGUEL ÁNGEL FERRER

En sus afanes por derrocar al gobierno del presidente Nicolás Maduro, los gobiernos de Estados Unidos, México y Colombia no han vacilado en respaldar los abominables actos terroristas perpetrados por bandas de paramilitares, mercenarios y lumpemproletarios al servicio de la contra venezolana.

En el caso del gobierno mexicano, ese respaldo diplomático y mediático al terrorismo no es sólo una afrenta para los venezolanos, sino también para los mexicanos. De aquí en adelante, con qué cara puede el canciller Videgaray condenar el terrorismo en Medio Oriente o en cualquier otra parte del mundo, México incluido, cuando apoya y da cobertura diplomática al terrorismo de la contra venezolana.

Esos jóvenes encapuchados que lanzan bombas molotov y letales proyectiles artesanales contra personas e instituciones públicas como hospitales y escuelas ¿no le recuerdan al licenciado Videgaray a los jóvenes encapuchados que de vez en cuando destruyen mobiliario urbano y unidades de transporte en la Ciudad de México, y que bien se sabe son mercenarios pagados por alguna entidad oficial o por algún partido político? ¿Con qué autoridad ética, política y jurídica puede Videgaray condenar a los violentos halcones mexicanos cuando apoya y da cobertura diplomática a los violentísimos halcones de la contra venezolana?

Pero órdenes son órdenes. Y si Estados Unidos ordena hacer desfiguros diplomáticos no queda más remedio que hacerlos. El propio director de la CIA, el ultraderechista y dirigente del Tea Party, Mike Pompeo, ha declarado que la CIA está trabajando con los gobiernos de México y Colombia para lograr el cambio de régimen en Venezuela. Y Videgaray no se ha atrevido a desmentir al máximo dirigente de la CIA.

Las órdenes de Washington, sin embargo, no se circunscriben al apoyo al terrorismo de la contra venezolana. Estados Unidos también ha ordenado cercar diplomáticamente a Venezuela. Pero así como la feroz violencia de la contra no ha logrado desestabilizar internamente al gobierno de Maduro, la ofensiva intervencionista encabezada por la OEA tampoco ha dado resultados. El último fracaso del “Ministerio de las Colonias” se dio hace unas horas cuando sólo 13 países se sumaron a la iniciativa yanqui de condena a la realización de la Asamblea Constituyente convocada por el gobierno de Nicolás Maduro.

De modo que, como es evidente, los esfuerzos de Estados Unidos y de sus vasallos, destacadamente México y Colombia, por derrocar a Maduro no han tenido éxito ni en el plano internacional ni en el ámbito interno. Internacionalmente, porque, afortunadamente, no todos los países latinoamericanos y caribeños son vasallos de EU; e internamente, porque el gobierno de Maduro no ha perdido su enorme base social, compuesta básicamente por eso que suele llamarse el bajo pueblo, es decir, por la mayoría de la sociedad venezolana. ¿O alguien piensa que los promotores del terrorismo y del intervencionismo yanqui constituyen la mayoría en Venezuela?

Ya debería ser hora de que Videgaray entendiera que sus acciones contra el gobierno chavista no sólo no tienen éxito, sino que además resultan contraproducentes. Los ataques exteriores y la violencia terrorista de la contra unifican y fortalecen al chavismo. Y es que el terrorismo, salvo para sus promotores, no es grato a nadie. Y tampoco es bien visto, salvo por sus beneficiarios, el descarado y confeso injerencismo de Estados Unidos. Confundir, como hace Videgaray, afanes democráticos con terrorismo e intervención extranjera es ceguera, por no decir, francamente, estulticia y vasallaje.

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Viernes 28 de julio de 2017

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