Archivos para 29 noviembre 2010

Las drogas y el mito de Sísifo

El mercado –dicen los economistas– es el ámbito o lugar en el que se encuentran productores y consumidores. Y también puede decirse que es el lugar físico o virtual en el que concurren vendedores y compradores. Todo el mundo conoce esta verdad económica. Es más: todo el mundo la practica en mayor o menor medida. Y es claro que ante la falta de uno de los dos elementos constitutivos del mercado éste no existe.

Para que haya un mercado del café, tiene necesariamente que haber productores del grano y consumidores del aromático. Y el mercado puede ser el estanquillo del barrio, una gran tienda de autoservicio o un ámbito virtual, como el mercado internacional: café que sale de las montañas de un país o región y es trasladado a países o regiones distantes mediante diversos medios de transporte.

La magnitud del mercado –su tamaño– está determinado por la magnitud del consumo. Un gran número de consumidores genera una gran producción. La demanda –diría un economista– genera la oferta. Sin demanda o consumo no puede darse la producción u oferta. Un caso histórico y emblemático de este axioma económico se encuentra en el caso del henequén yucateco. Durante siglos, el uso universal de esa fibra dio lugar a una enorme producción. Pero bastó la aparición de las fibras sintéticas –nylon y poliéster– para que cesara la producción de la fibra, sobreviniera la ruina de la industria henequenera y, ojo, cesara igualmente el comercio o tráfico del henequén.

Una caída en el consumo genera necesariamente una caída en la producción. Y a la inversa: un alza en la demanda da lugar a un alza en la oferta. La producción y el comercio o tráfico son –como diría un matemático– las variables dependientes, en tanto que el consumo es la variable independiente.

Este fenómeno, tan obvio y documentado a lo largo de milenios, parece no ser comprendido en el caso de los estupefacientes: hay producción y hay comercio de drogas porque hay consumo. Sin éste no habría ni producción ni tráfico.

De modo que combatir la producción y el comercio de estas mercancías milenarias y universales significa combatir los factores secundarios y no el elemento primario. Y sin combatir éste –el consumo–, de nada sirve luchar contra los otros dos elementos de la tercia: producción y comercio.

Se sabe con certeza que son muy grandes la producción y el comercio de estupefacientes. Las autoridades y los medios de comunicación hablan de millones y millones de toneladas de drogas decomisadas y destruidas cada año. Pero estas cifras son lo que los comerciantes llaman la merma: la pérdida, por cualquier motivo, de una parte de la mercancía. Pérdida cuyo costo económico se carga en el precio final del producto restante, que es, obviamente, la mayor parte.

Aceptado que son enormes la producción y el comercio de drogas, no queda sino concluir, por inferencia lógica, que es igualmente grande el consumo. Y lo que vale para el mundo vale para México.

Ciertamente, este fenómeno del inmenso consumo mexicano de drogas es relativamente nuevo. Quizá dos o tres décadas. Pero ésta es hoy la realidad mexicana, la nueva realidad mexicana.

Y el grande y creciente consumo de estupefacientes garantiza una grande y creciente producción y un grande y creciente comercio de drogas. ¿Muy difícil de entender? El combate policiaco, judicial, militar y financiero contra productores y comerciantes de drogas es una reproducción perfecta del mito griego de Sísifo: grandes esfuerzos y penalidades para llevar la roca a la cima de la montaña, sólo para que una vez casi en ésta, la piedra ruede sin remedio hasta abajo y haya que volver a empezar desde el principio. Trabajar y sufrir sin sentido y para nada. ¡Ah, hombres necios!, diría sor Juana.

www.miguelangelferrer-mentor.com.mx Viernes 26 de Nov. de 2010

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