Archivos para 25 febrero 2011

Revoluciones con bendición yanqui

A pesar de la fraseología revolucionaria en Túnez y Egipto, lo único cierto hasta ahora es que han sido derrocados Ben Alí y Hosni Mubarak, dos antiguos y serviciales cipayos de Estados Unidos en el norte de África. Los dos cayeron sin oponer resistencia. El amo yanqui les ordenó salir, y ambos, resignadamente, acataron el mandato imperial.

Pero más allá de la caída de los dos antiguos cipayos, no se ven en Túnez y Egipto trazas de un cambio de régimen. Permanece todo el aparato del antiguo Estado. Y en Egipto, para más señas, el poder ha quedado en manos de los militares, los que durante décadas fueron el sostén del hoy apestado Mubarak.

La dócil aceptación del mandato de Washington hizo innecesaria la intervención militar de Estados Unidos. Pasó más o menos lo que ocurrió con Alfredo Stroessner en Paraguay y Augusto Pinochet en Chile. Los dos hombres fuerte entendieron bien el mensaje, y su docilidad permitió la preservación tanto del poder oligárquico como del dominio de Washington.

En Panamá las cosas fueron un tanto diferentes. El general Noriega no acató la orden imperial y, fracasados los intentos de Estados Unidos por derrocarlo o asesinarlo, se hizo necesaria la invasión armada estadounidense, cuyo acto inicial, el bombardeo del barrio popular de El Chorrillo, produjo en una sola noche la muerte de, al menos, cuatro mil panameños.

La película que hemos visto en Túnez y Egipto también hace no mucho la vimos en Irán: una bien orquestada campaña opositora al régimen y abundantemente financiada con dólares americanos. Sólo que el esfuerzo yanqui no tuvo éxito. Y es por eso que Washington continúa con sus aprestos para un bombardeo de Irán y, si las condiciones lo permiten, de plano la invasión militar directa.

La estrategia yanqui es bien conocida. Se promueve, se apoya y se financia a grupos disidentes y opositores y se crea, si es posible, un movimiento aparentemente democrático y revolucionario pero afecto a Estados Unidos. Si el líder y su gobierno caen, algo habrá cambiado para que todo permanezca igual. Pero si éstos resisten, y tienen tras de sí suficientes fuerzas sociales, Washington empieza con sus aprestos para el bombardeo de ciudades –recordemos Belgrado– o la invasión militar directa. Y, si se puede, con la bendición y el cobijo de la ONU, para dar la siempre conveniente apariencia de legalidad.

En Libia, hasta el momento, la película es de final incierto. Si Gadafi cede, veremos en Libia el mismo rodaje que en Egipto y Túnez. Pero si logra resistir el embate yanqui de modo rápido y claro, Washington no tendría condiciones para una intervención militar directa. Si, en cambio, las fuerzas se equilibran y dan paso a una guerra civil, entonces Washington podría tener el pretexto ideal para la anhelada invasión que ponga fin al régimen de Gadafi.

En cualquier caso, el asunto es bastante claro. Si Washington bendice las supuestas revoluciones democráticas en el norte de África, eso quiere decir que ni son democráticas y, menos aún, revoluciones. Que estamos más bien frente a golpes de Estado con promoción, financiamiento y dirección estadounidenses.

¿Hará falta recordar que mientras Estados Unidos juraba amor eterno  y proveía de armas y dinero a Hosni Mubarak, la Agencia Estadounidense para el Desarrollo Internacional (la tenebrosa USAID), le jugaba las contras al presidente egipcio organizando, apoyando, financiando y dirigiendo grupos opositores para derrocarlo?

Inocultable la mano de Estados Unidos en las supuestas revoluciones en el norte de África, falta ver si esa mano subversiva, hasta ahora sólo propagandista, organizativa y financiera, opta en Libia por la descarnada intervención militar.

www.miguelangelferrer-mentor.com.mx

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