Archivos para 27 marzo 2011

Imparable y acumulativo

Al comenzar el siglo veinte, la esperanza de vida al nacer era en México de 27 años. Al mediar la centuria pasada, ya era de 50 años. Y hoy, a comienzos del siglo XXI, la esperanza de vida ya es de 75. Esto quiere decir que en el transcurso de cien años el mexicano ha logrado triplicar la duración de su vida.

Este fenómeno del aumento de la esperanza de vida no es sólo mexicano, sino universal. Y en México y en todo el mundo obedece a varias razones. Las principales fueron sin duda los avances de la higiene y de la medicina.

Todo esto es ampliamente conocido y reconocido. Lo que es menos conocido y reconocido es el papel que en el aumento de la esperanza de vida ha tenido el incremento de la producción agrícola, es decir, de la disponibilidad de alimentos.

Tanto en el caso de la higiene y de la medicina como en el de la producción agropecuaria, el factor decisivo ha sido el conocimiento científico. Y como éste es imparable y acumulativo, no cabe sino esperar todavía mayores avances en la esperanza y en la calidad de vida de las poblaciones humanas.

Ahora mismo la sociedad humana se encuentra en el umbral de un nuevo crecimiento de la producción agropecuaria, gracias a la aplicación de otro descubrimiento científico decisivo: los organismos genéticamente modificados (OGM), los famosos alimentos transgénicos.

No puede negarse que este novedoso método productivo encuentra muchas resistencias. Así ha acontecido a lo largo de la historia con casi todos los avances científicos. Pero no hay duda: a pesar de las resistencias y de la propaganda antitransgénicos, esta nueva revolución técnico-científica acabará por imponerse, dando a la humanidad la posibilidad de un crecimiento casi infinito, por no decir infinito, de la producción de alimentos.

Mientras tanto, la producción de alimentos sigue creciendo. Tanto las estadísticas mexicanas como las de índole internacional muestran claramente un incremento sostenido de la producción de alimentos a lo largo de los últimos cincuenta años. 

Pero si el periodo de análisis es de la última década (2001-2011), las cifras indican lo mismo: crecimiento de la producción mexicana y mundial de comida. Y si se estudia la producción de alimentos en el último quinquenio (2006-2011) la tendencia no varía: un incremento sostenido de la producción.

Es cierto, desde luego, que en esos mismos periodos también ha crecido la población humana. Pero ésta se ha incrementado en menor medida que la producción alimentaria. De 1950 para acá, la población humana planetaria se ha multiplicado por tres; pero en el mismo lapso, la producción de alimentos se ha multiplicado por 12. De modo que ahora mismo hay cuatro veces más alimentos por individuo que hace seis décadas.

¿Cómo puede, entonces, hablarse de crisis alimentaria? Esta expresión parece poco afortunada o de plano incorrecta. De lo que sí puede hablarse, porque está a la vista de todos, en México y en el mundo, es de un incremento de precios de los alimentos. Y el ejemplo más reciente en Anáhuac es el aumento del precio de la tortilla de maíz.

Se entiende fácilmente que si la producción baja, los precios suban. Y a la inversa: si la oferta crece, los precios deben disminuir. Pero, como hemos visto, las cosas están ocurriendo de un modo extraño: suben al mismo tiempo la producción de alimentos y los precios de éstos, sobre todo en el caso de los cereales.

Frente a una situación como ésta sólo cabe una explicación: nos encontramos frente a un fenómeno especulativo que provoca inflación, y no ante uno de escasez alimentaria.

La inflación es antigua conocida de los mexicanos. Pero ni los más viejos de la comarca recuerdan un periodo de escasez de alimentos. Las épocas, de escasez, por fortuna, son cosas del pasado.

www.miguelangelferrer-mentor.com.mx  Viernes 25 de marzo de 2011 

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